Por la vida hay que marchar siempre
A propósito de la marcha por la vida
La vida es un derecho humano fundamental, fundacional de nuestra naturaleza. Es un derecho que trasciende a las creencias religiosas pero que nunca ha sido avalado plenamente. Sino recordemos que hasta ahora se justifica la aplicación a la pena de muerte, y ha habido épocas hasta donde se asesinaba bajo el rubro de “herejía”.
Pero los tiempos cambian, y las conciencias se aclaran, por ello es necesario recordar el por qué es tan necesario a marchar por la vida en nuestros tiempos.
1.- En una sociedad democrática es legítimo manifestarse por lo que creemos correcto, pero cuando se trata de preceptos constitucionales y de derechos humanos fundamentales (como lo es el derecho a la vida) no sólo es legítimo pronunciarse, es hasta obligatorio.
2.- La movilización social no sólo debe buscar concientizar, sino también incidir sobre el diseño y la implementación de políticas públicas que garanticen lo que se está reclamando.
3.- En un mundo en crisis social y económica, el discurso no debe ser "sólo" derecho a la vida, sino a una vida digna, y eso hace que se considere todas las condiciones para que eso sea posible, obligándonos como ciudadanos a cuestionar también la salud y educación que no es de calidad para todos, precariedad laboral, deficiente infraestructura, daños al medio ambiente por el desarrollo de actividades extractivas, inseguridad ciudadana, etc. Porque todos tenemos derecho a la vida, pero a una vida digna.
4.- Los que nos manifestamos siempre por la vida, no podemos ser tildados de "anti derechos de la mujer" ya que se trata aquí de tutelar los derechos del concebido, responsabilidad del Estado, la misma que debe ser reclamada por los ciudadanos. Y esto implica protección al no nacido y también al que ya nació y que no goza de un entorno que le garantice un desarrollo pleno, planteando incluso un rol más protector del Estado que sea capaz de “salvar” al niño que sufre en medio de una familia disfuncional formada de manera tradicional, la misma que por sí misma no es garantía de nada.
5.- También es legítimo que haya un grupo de ciudadanos que ponga en debate las condiciones de libertad de la que deben gozar mujeres y hombres, y sobre las condiciones que estos deben tener para ser padres. Frente a ello es responsabilidad del Estado implementar una seria política sobre educación sexual y planificación familiar que tenga como eje el respeto a la vida y a la dignidad de la persona humana, como lo establece la Constitución Política del Estado.
6.- Quienes defendemos la vida no podemos resumir nuestro accionar frente a los peligros contra el no nacido. Debemos tener la capacidad para oponernos contra cualquier forma o práctica que vulnere la vida, con mucha más razón si esas formas se institucionalizan desde el ente que debe protegernos (como el Estado). En nuestro país hay casos emblemáticos como las esterilizaciones forzadas y las desapariciones planificadas de personas. Denunciar esos actos es un deber ético y moral de los que defendemos la vida. Justificarlos y luego salir a defender la vida es un doble discurso y una doble moral que debemos rechazar y que, a mí, me genera repugnancia. Es necesario que nuestra ciudadanía se fortalezca y señalemos con claridad los momentos en la historia donde la vida ha sido seriamente afectada, y a estar atentos para que hechos nuevos o similares no se den en un futuro. Rechazar de plano cualquier maltrato, humillación y discriminación, cualquier vejación como las violaciones o sus agravantes como la pedofilia que atenta contra los más pequeños
7.- En este último punto recién ejerzo mi derecho a la libertad religiosa. Permítanme ser "confesional": La primera vocación a la que nos llama Dios es a la vida. La vida es un don que Dios nos regala y nos da libertad para vivir y encontrar la felicidad. Conocedor de nuestra fragilidad humana nos regala también misericordia y en abundancia. Los que somos cristianos defendemos la vida por naturaleza. Y la Iglesia, a través de su magisterio (en especial desde la encíclica Rerum Novarum) ha reclamado por condiciones mínimas para tener una vida digna. Esto, de ninguna manera, hace que por más justas que sean nuestras demandas tengamos que confrontar agresivamente, lanzando adjetivos y ofensas, a quienes piensan distinto, pues con eso estamos atentando contra el mandamiento del amor. Defender la vida no implica insultar al otro ¿Dónde queda el amor al prójimo? Imitemos al Maestro y recordemos como trató a la mujer que encontró en el pozo, a María Magdalena, a Saqueo, a Mateo, a la hemorroisa, a los leprosos... siempre acogiendo y amando a los "mal vistos" y a los excluidos, siempre amando. Pero no, algunos se quedan en la condena, cruz en pecho, borrando la prédica y olvidando el amor.
Este 21 de marzo se convoca a marchar por la vida. Que los 364 días restantes la defendamos y la respetemos sin importar el hecho de que seamos creyentes o no, sin perder de vista que esta debe ser digna para todos, o sea que no quede en mero figuretismo.
PAX!
Actualización 08/08/2016: En época electoral es imprescindible evaluar a los candidatos bajo estos criterios, no sólo defender al concebido, sino defender la vida digna del que ya nació. Y si hay algunos, como el pastor Rosas, que busca votos bajo el discurso de la "defensa de la vida y la familia", debemos reclamarle coherencia, por que defender la vida, y defender hechos como plagios, compra de votos, y relaciones sexuales con menores de edad, no va.